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No llegaron más los trenes, no llegaron más clientes |
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Publicado por Cristian Contreras
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miércoles, 05 de agosto de 2009 |
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Cuando era niño, tenía como una de mis obligaciones, ir a ayudar a mi abuela Herminia (Q.E.P.D) a su casa a lo que sea, entre ellas compras, y muchas de esas veces generalmente en verano me devolvía de noche y pasaba por O’Higgins, doblaba por Balmaceda y siempre me llamaban la atención unos locales que tenían afuera unas ampolletas rojas...
Escrito por Cristian Contreras
Muchas veces se podía escuchar la música, incluso risas y otras veces solo murmullos de las conversaciones, y yo más de una vez me asomé a las puertas tipo cantina del oeste norteamericano del llamado y recordado “7” solo para ver qué había. Por mi edad no encontré nada raro solamente gente bailando o bebiendo. Al “4 y medio” nunca me asomé pues solo se veía un pasillo desde la vereda.
Bueno, lo que me llama la atención ahora y me ha hecho recordar ciertas cosas, es que en realidad estos locales fueron famosos en su tiempo, tan famosos que rompieron las fronteras de nuestra comuna, pues en varios lugares he conversado con otras personas y para mi sorpresa, cuando les dije de dónde yo venía, se han acordado de estos lugares así como si fuera lo único que conocieron de Llayllay cuando pisaron estas tierras. Esta sorpresa me causa un poco de risa y también un poco de pena, por lo que mencioné, sin embargo otros también al momento de revelarles mi lugar de procedencia, me contestan: “ah si a llayllay llegan los trenes”; pero inmediatamente después se acuerdan del “7” y el “4 y medio”, entonces pensaba ¡ya se en que andaban estas personas!, ¿o no?. ¿O es que en Llayllay no había nada más que esta gente se acuerde aunque haya estado de pasada? Así que al final terminaba diciéndoles que “a Llayllay, ya no llegan los trenes”, y que el 7 y el 4, ya cerraron porque el tren no trajo más clientes desde afuera.
De las otras cosas que me hacen recordar estos locales, son las historias que me han contado como la de las señoras que iban y sacaban a sus maridos de un ala con una sola mano y en la otra a la señorita que atendía al caballero. Ya me imagino los escándalos que se tienen que haber protagonizado en estos locales, como combates con cuchillo en mano, a mano limpia y cuerpo a cuerpo, también sobre los eventos que se realizaban allí, que por cierto eran muy tarde, cuando no anduviera tanta gente para que los clientes “pasen piola”, además de las costumbres que había en tiempos anteriores. Un viejito cañero me comentó una vez que en ese lugar perdió la virginidad a los 30 años, que esos locales eran “la alegría del pueblo” y desde que cerraron el pueblo perdió su alegría y que nunca va a ser lo mismo. Otros hombres llevaban a sus hijos cuando cumplían cierta edad para “avisparlos” y “hacerlos hombres” (no fue mi caso pero más de alguien debió haber vivido ese tipo de cosas).
Al menos encuentro divertido hablar sobre esto, aunque no he ahondado en muchos detalles. Para otros puede que no sea tan divertido recordar, pues aunque en esos lugares se hayan pasado buenos y malos momentos, lo felices o infelices que hayan sido, estas cosas pasaron y son recordadas por los habitantes de la comuna y por los visitantes que alguna vez pasaron por aquí. Fotografía: http://www.flickr.com/photos/felilef
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Modificado el ( jueves, 20 de agosto de 2009 )
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